Hubo un tiempo en el que todo parecía posible. Soñaba despierto, imaginando un futuro lleno de oportunidades, de metas cumplidas, de conquistas. Caminaba con la cabeza llena de ilusiones, convencido de que mi esfuerzo me llevaría justo donde quería estar. Creía que con determinación, cualquier barrera podría romperse. Pero, con el paso de los años, esa certeza fue debilitándose.
Al principio, los fracasos eran solo pequeñas piedras en el camino, algo que podía superar con un poco más de esfuerzo, un poco más de sacrificio. Pero a medida que los rechazos se acumulaban, las puertas se cerraban y el tiempo avanzaba sin piedad, mi energía comenzó a desvanecerse. Cada nuevo intento era más difícil que el anterior, como si estuviera caminando contra una corriente cada vez más fuerte.
No sé en qué momento exacto todo cambió. Quizá fue una acumulación de decepciones, o tal vez simplemente me cansé de intentarlo. Los sueños que alguna vez parecían tan nítidos, tan brillantes, comenzaron a desdibujarse. Ya no era cuestión de "cuándo" los alcanzaría, sino de si algún día lo haría. Poco a poco, dejé de planear, de imaginar ese futuro que me había mantenido en movimiento durante tanto tiempo. Dejé de soñar.
Ahora, me miro al espejo y veo a alguien que ya no se reconoce. Una versión apagada de quien solía ser, alguien que se levanta cada día por costumbre, pero sin esa chispa que antes iluminaba mis pasos. Los días pasan, uno tras otro, sin sobresaltos, sin grandes expectativas. Me siento atrapado en una rutina vacía, en un limbo en el que ni siquiera sé qué es lo que quiero. La indiferencia ha reemplazado a la pasión, y los sueños… bueno, los sueños son ahora solo un eco lejano, casi irreconocible.
Me pregunto si alguna vez podré volver a soñar. Pero, si soy sincero, ni siquiera sé si quiero hacerlo.
.png)
Comentarios
Publicar un comentario