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Mostrando entradas de diciembre, 2024

A la distancia, pero siempre cerca

  Este año, más que ningún otro, pesa en mi pecho como una verdad difícil de aceptar. Lo he despedido lejos de las voces que me arrullaron tantas veces en la infancia, lejos de las risas que me enseñaron a amar la simplicidad de un brindis, de un abrazo al filo de la medianoche. La noche era fría, o al menos eso sentía yo en mi interior, aunque el clima no tuviera culpa alguna. Miraba el reloj como quien espera una señal para respirar, pero cada segundo que avanzaba parecía más un eco de lo que estaba dejando atrás que una bienvenida a lo que venía. Me senté en un rincón, rodeado de decoraciones que parecían ajenas, como si el espíritu de estas fechas no hubiera conseguido encontrarme en este lugar extraño. Pensaba en los rostros que conocía tan bien y en cómo, justo en ese momento, estarían haciendo lo de siempre: las bromas repetidas que nunca pierden gracia, el sonido del descorche, el intercambio de miradas cómplices que no necesitan palabras. Pero aquí estaba yo, en una escena...

La soledad en medio de la fiesta

  Las luces titilaban con insistencia, pintando destellos en las paredes que parecían más vivas que las personas a mi alrededor. Los colores vibraban, pero no lograban calentar el aire. Todo en esta escena estaba diseñado para evocar alegría, y sin embargo, mi pecho se sentía como un cajón vacío que nadie se había molestado en llenar. Jamás me sentí a que pertenecía a este lugar. Los rostros iban y venían, algunos con risas que no alcanzaban los ojos, otros con palabras amables que se deslizaban como cuchillos envueltos en terciopelo. Me siento un completo extraño rodeado de personas que no son de fiar. ¿Cuántas de esas miradas realmente buscaban conectar? ¿Cuántas simplemente fingían porque eso es lo que se supone que hacemos en estas fechas? Intenté distraerme con los adornos en la mesa: el brillo del cristal, el aroma dulce que subía desde los platos, las velas parpadeando al ritmo de conversaciones que yo no entendía ni quería entender. Pero en el fondo, todo parecía un teatro,...

Un Hogar que llevo dentro: mi primera Navidad lejos

  Las luces titilan en la distancia, pequeñas chispas de color que parecen bailar al ritmo de una música que no puedo oír. Me encuentro frente a una ventana, mirando cómo el frío empaña el vidrio, dibujando con su aliento figuras que desaparecen tan rápido como aparecen. En el reflejo, veo mis ojos cansados, pero no vacíos. Esta será mi primera Navidad lejos de casa. No lo había pensado mucho hasta ahora, pero el silencio que me rodea hace imposible evitarlo. Antes, todo era diferente. Había risas, voces entrelazadas, el sonido del papel rasgado al abrir un regalo, y ese aroma inconfundible que anunciaba que todo estaba bien, que estaba en el lugar correcto. Pero este año, mi hogar es distinto. No hay voces que llenen los espacios ni aromas que me abracen con recuerdos. Solo estoy yo, mi maleta a medio desempacar y un árbol pequeño que compré para sentir algo familiar. Dejé todo atrás porque dentro de mí algo me gritaba que tenía que volar, que había un mundo esperándome. Y no me a...